El lujo es aspiración. Sueños. Ilusión. Pasión. Un juego entre el cielo y la tierra. Entre lo más excelso y lo más sublime. Aquel lugar que todo ser quiere atravesar con sus pisadas. Un recinto amurallado al alcance de muy pocos. Y todo eso las firmas de lujo lo saben. Por eso, cuando se trata de hablar de una nueva gama de producto no recurren a la vulgaridad de hablar de las virtualidades de sus objetos, sino que transportan al consumidor a cimas de ensoñación. La casa de Cartier es muy consciente de ello y ha querido combinar en su Fashion Film, Santos de Cartier, el cielo con la tierra, las nubes con la bruma de una calle en perfecta descomposición a través del alzamiento de objetos. Todo ello con un Jake Gyllenhaal de lo más sobrio y soñador. Y con las acrobacias de una avioneta abriéndose paso por el mar de nubes de la vida.